Libros que tengo intención de leer... en algún momento.

La lista es larga, demasiado larga. Los libros se acumulan en montones, reales o virtuales, cada vez más. Es como una fiebre. Siempre hay alguno que me apetece y que me espera agazapado, dispuesto a hincarme las páginas en el cuello y vampirizar mi atención. A veces intento resistirme, sé que nunca habrá tiempo suficiente para leer todo lo que resulta atrayente, pero al final acabo dejándome arrastrar y, entonces, en lo alto de una de esos montones hay un libro más, canturreando su llamada de sirena.
A veces me da por un autor compulsivamente y, una vez empiezo a leer su obra, no puedo parar; otras veces voy salpicando su lectura de tanto en tanto y, de esos, están esas montoneras llenas. Y, además, están los que aún no conozco y ya es hora de conocer. Algunos llevan varios meses (e incluso años) observándome desde las estanterías, crispando las cubiertas de impaciencia, y otros rebullen en su soporte digital igualmente desesperados por ser leídos. Entre ellos figuran, lo confieso, algunas carencias capitales que debería remediar.
Hay varias hileras expectantes de clásicos, lo cual suena lamentable. Demasiados títulos pendientes de Dickens, Collins, Gaskell, Hardy, Cather, Maupassant (cuánto adoro sus cuentos y qué poco conozco sus novelas), Balzac o de Musset, por ejemplo. O posteriores como Benson, Gibbons, Pym, Bainbridge, Lawrence o Faulkner.
Hay, también, una montaña de libros actuales… o que eran actuales cuando los coloqué ahí. Son tantos que no da tiempo a leerlos antes de que aparezca otro que actualice la lista de novedades y se quedan ahí, gruñendo en silencio por la espera.
Aunque puede sonar a sacrilegio, hace mucho que no leo a Auster y todavía no he probado a Murakami. No, de verdad. Así que también los tengo ahí colgados, como un ruido de fondo que no deja de zumbar. Además de algunos de Julian Barnes, Ian McEwan, Jeffrrey Ford, A.S. Byatt, Sarah Waters, Elizabeth Strout o Natsume Soseki. Unos cuantos entre demasiados.
Y qué hablar de los libros de fantasía, de los que hay tantos que se apilan desordenadamente y apenas me atrevo a mirarlos de reojo, porque sé que me aplastarían si pudieran. Muchos, casi todos, forman partes de sagas tan abultadas que forman ejércitos.
Ahí están todos. Como espectros amparados en la oscuridad, observándome en silencio. Esperándome.
No quisiera aumentar tu carga de "pendientes" pero... no he visto ningún autor español. Abrazos.
ResponderEliminarMarisa, ¡tienes toda la razón! Y haberlos, haylos, como las meigas... Parece que corté la enumeración tan deprisa que me los comí, pero están ahí.
ResponderEliminarMe temo que mi debilidad por la literatura anglosajona a veces me hace dejar a un lado las letras patrias, pero de forma incidental solamente.
Le tengo ganitas al último de Rosa Montero, por ejemplo, y algunos nombres nuevos que me inspiran curiosidad, como José Antonio Fortuny. Entre otros varios (Jaume Cabré, Santiago Posteguillo, Care Santos...). Y como siga, me va a dar un agobio que no veas ;)